lunes, 12 de diciembre de 2011

EL ORDEN DE LA NARRACIÓN: ANALEPSIS Y PROLEPSIS. EJEMPLO.

     En el fragmento que aparece a continuación lo que está ocurriendo sucede cuando Victoria Guzmán es una mujer adulta y Divina Flor es una niña, pero hay un momento de la narración en el que el narrador hace referencia al pasado (analepsis: suceso ocurrido durante la juventud de Victoria) y después introduce una conversación entre las dos mujeres, que sucede en el futuro (prolepsis: Divina Flor es mayor y Victoria es una anciana):
Santiago Nasar masticó otra aspirina y se sentó a beber a sorbos lentos el tazón de café, pensando despacio, sin apartar la vista de las dos mujeres que destripaban los conejos en la hornilla. A pesar de la edad, Victoria Guzmán se conservaba entera. La niña, todavía un poco montaraz, parecía sofocada por el ímpetu de sus glándulas. Santiago Nasar la agarró por la muñeca cuando ella iba a recibirle el tazón vacío.

-Ya estás en tiempo de desbravar -le dijo.

Victoria Guzmán le mostró el cuchillo ensangrentado.

-Suéltala, blanco -le ordenó en serio-. De esa agua no beberás mientras yo esté viva.

Había sido seducida por Ibrahim Nasar en la plenitud de la adolescencia. La había amado en secreto varios años en los establos de la hacienda, y la llevó a servir en su casa cuando se le acabó el afecto. Divina Flor, que era hija de un marido más reciente, se sabía destinada a la cama furtiva de Santiago Nasar, y esa idea le causaba una ansiedad prematura. «No ha vuelto a nacer otro hombre como ése», me dijo, gorda y mustia, y rodeada por los hijos de otros amores. «Era idéntico a su padre -le replicó Victoria Guzmán-. Un mierda.»